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Relato · Ficción

El turno de noche


Naturaleza
FICCIÓN
Actualizado
5 de septiembre de 2026

El hospital llevaba un año cerrado y aún tenía vigilancia. Mi trabajo era hacer cuatro rondas y firmar el parte. En la primera semana me dieron una sola instrucción, y no venía en el manual: la cuarta planta no se ronda.

Relato de terror. Ficción: no está basado en hechos reales ni en ningún caso documentado.

El edificio cerró en 2013 y desde entonces está en litigio. Nadie lo derriba porque nadie se pone de acuerdo sobre quién paga, así que hay que mantenerlo vigilado por el seguro.

Cuatro rondas por turno. Plantas baja, primera, segunda y tercera, más el sótano y el aparcamiento. Se firma un parte al terminar cada una y se manda por la aplicación.

En mi primera semana, el compañero que me formó me dijo una cosa que no está en el manual: la cuarta planta no se ronda.

Le pregunté por qué. Me dijo que la escalera está precintada desde antes de que él entrara, y que si no está en el parte, no hay que ir.

Y eso fue todo. Doce años haciendo el mismo recorrido.

Lo que sí está en el manual

El manual tiene cuarenta páginas y es aburridísimo, pero lo leí entero el primer mes porque las noches son largas.

Dice que el edificio tiene cuatro plantas más sótano. Dice cuántos extintores hay por planta, incluida la cuarta: seis. Dice que las salidas de emergencia deben comprobarse mensualmente, y enumera las de la cuarta.

Es decir: el manual da por hecho que la cuarta planta se ronda.

Lo que no dice en ningún sitio es que esté precintada.

El ascensor

El ascensor no funciona. Está sin corriente desde el cierre y las puertas de la planta baja están abiertas, con la cabina parada a la altura del suelo, como se dejan estas cosas.

En marzo empecé a oír el motor.

No el ascensor moviéndose: el motor arrancando, ese zumbido grave de dos segundos que hace antes de mover nada, y después silencio.

Bajé al cuarto de máquinas con la linterna. El interruptor general estaba en abierto, con el candado de la compañía puesto, precintado y con la fecha de 2013 escrita a mano en la etiqueta.

El polvo

Lo del polvo lo noté en mayo y es lo que me hizo cambiar de opinión sobre todo lo demás.

La escalera principal tiene una capa de polvo uniforme desde el cierre. Cuando subo, dejo huellas, y a la ronda siguiente están mis huellas de la ronda anterior. Es lo normal.

Entre el tercero y el cuarto hay un tramo que no se usa, cerrado con una puerta cortafuegos y el precinto de plástico rojo que me habían descrito.

A través del vidrio de la puerta veo el tramo de arriba. También tiene polvo. Y ese polvo también tiene huellas.

No son mías, porque yo no paso de la puerta. Y son recientes, porque cada vez están en un sitio distinto.

La comprobación

En junio hice una cosa que no debería haber hecho.

Corté el precinto, abrí la puerta y barrí ese tramo de escalera. Entero, hasta dejar el suelo limpio. Lo fotografié con la hora y volví a cerrar. No llegué a entrar en el pasillo de la cuarta.

Volví a las cuatro rondas siguientes. Nada.

A la quinta noche había huellas otra vez. Suben. No bajan.

Las conté: dieciocho escalones desde la puerta cortafuegos hasta el descansillo de la cuarta. Dieciocho huellas de subida.

Ninguna de bajada, ni esa noche ni ninguna de las siguientes.

El parte

Llevo doce años firmando el mismo parte: cuatro rondas, sin novedad.

Anoche, antes de firmar, abrí la versión del manual que administración acababa de subir a la aplicación. La página nueve seguía enumerando los seis extintores de la cuarta planta. Habían actualizado la columna de revisiones.

La fecha es de hace dos meses.

Los extintores de un edificio precintado desde 2013 los revisó alguien hace dos meses.

Las revisiones de extintores se registran en una hoja que se archiva en administración. Pedí la de la cuarta planta.

Me la mandaron escaneada esa misma tarde. Seis extintores, seis casillas, la fecha de hace dos meses y, abajo a la derecha, la firma del operario que hizo la comprobación.

He estado media hora mirándola.

Es mi firma. La hago igual desde los dieciocho años: la ele de mi apellido cerrada por abajo, que es una manía mía y no la he visto en nadie más.

Hace dos meses subí a la cuarta planta, revisé seis extintores y firmé la hoja.

Y no me acuerdo.

Lo que llevo pensando desde entonces no es qué hay arriba. Es cuántos de los partes de estos doce años dicen «cuatro rondas, sin novedad» porque hice cuatro rondas, y cuántos lo dicen porque yo escribí eso.


Aquí hay otro sitio donde alguien entró y salió sin que nadie lo viera, salvo que ese tiene atestado policial: el phrogging.

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