Para decir en voz alta
Historias de miedo para contar en la oscuridad
Diez historias para contar en voz alta, no para leer en silencio. Duran menos de un minuto cada una, tienen un final seco y están escritas para memorizarse a la primera. Al lado de cada una va la instrucción de cómo contarla, porque en este formato la pausa importa más que la palabra.
Todo lo que sigue es ficción. Ninguna de estas historias ocurrió ni está basada en un caso real.
1 · El último en dormirse
Éramos cinco en la habitación. Yo siempre soy el último en dormirme. Aguanté el aire un momento y conté las respiraciones de los demás.
Uno. Dos. Tres. Cuatro. Cinco.
Todavía no había soltado el aire.
Cuenta las respiraciones en voz alta, despacio. Para después de «cinco».
2 · El taxi
Tomé un taxi de madrugada. El conductor no dijo nada en todo el trayecto, y a mí eso me pareció bien.
Al llegar le pagué y me bajé. Entonces me di cuenta de que no le había dicho la dirección.
Dilo con normalidad, como una anécdota aburrida. La última frase, en el mismo tono.
3 · La foto
Mi madre me enseñó una foto de mi cumpleaños de hace veinte años. Salíamos todos: mis padres, mi hermano, mis abuelos y yo.
Le pregunté quién había hecho la foto.
Dijo que estábamos solos en casa.
Entonces vi el espejo del fondo. En él salíamos todos de espaldas. Todos menos yo. Mi reflejo estaba detrás de la cámara.
Deja una pausa antes de mencionar el espejo; señala un punto a la espalda de quien escucha.
4 · Buenas noches
De pequeño mi padre me decía buenas noches todas las noches desde la puerta, sin entrar. Yo le contestaba y me dormía.
Cuando cumplí once años se lo agradecí. Me dijo que él nunca hacía eso, que le daba miedo despertarme.
Esta funciona mejor si la cuentas como un recuerdo bonito. El giro tiene que llegar sin aviso.
5 · El perro
Nuestro perro llevaba dos semanas ladrando al armario del pasillo. Lo abrimos y no había nada, así que lo dejamos abierto para que se tranquilizara.
Dejó de ladrar al armario.
Ahora ladra debajo de mi cama.
Mantén la vista en el suelo durante la última frase.
6 · La llamada
Llamé a casa desde el trabajo para avisar de que llegaría tarde. Contestó el teléfono mi mujer y le dije que no me esperase para cenar.
Cuando llegué, me preguntó por qué no había avisado.
Le mostré la llamada en mi teléfono. Ella me enseñó el suyo: a esa misma hora había hablado conmigo.
Le había dicho que abriera. Que estaba en la puerta.
Las dos primeras frases, deprisa. Frena al enseñar los teléfonos.
7 · El espejo del ascensor
El ascensor de mi edificio tiene un espejo enorme. El portero decía que lo pusieron para que la espera se hiciera corta.
En realidad es para que puedas ver si hay alguien detrás de ti.
Por eso nunca deberías subir a uno donde el espejo esté roto.
Empieza como si fuera un dato curioso. No cambies de tono al llegar al final.
8 · Los deberes
Mi hija de seis años lleva una semana dibujando a un señor en todos los folios.
Ayer le pregunté quién era. Me dijo que era el que la mira mientras hace los deberes.
Le dije que aquí no hay nadie más.
Me dijo que ya lo sabe, que está fuera.
Di «fuera» mirando hacia una ventana, sin señalarla.
9 · La cuenta
De niños jugábamos al escondite en el patio, siempre los mismos siete.
El que la ligaba contaba hasta veinte y luego buscaba. Se acababa cuando encontraba a los seis.
Aquella tarde encontré a siete.
Marca bien los dos números. No añadas ninguna explicación.
10 · Ya vengo
Mi hermano salió a comprar tabaco y dijo «ya vengo». Volvió a los diez minutos.
Ha vuelto todas las noches desde entonces, siempre a la misma hora, siempre diciendo lo mismo.
Lo enterramos en marzo.
Esta es la que hay que contar la última. Después no digas nada más.
Si quieres algo más largo
Estas están hechas para la voz. Si buscas algo para leer sentado, con caso y fuentes detrás, el archivo tiene historias reales documentadas con informes policiales y expedientes. La que mejor funciona contada es Hinterkaifeck —seis muertos en una granja y señales de actividad posteriores al crimen—, y está narrada entera.
Y si lo que te interesa es la diferencia entre un cuento, una leyenda y un caso real, está explicada en historias de terror.
Y ahora, cómo contarlas
Ya tienes diez. Prueba estas cuatro indicaciones al contarlas.
Cuenta despacio y para antes del final. El susto no está en la última frase: está en el silencio que la precede. Dos segundos de pausa valen más que cualquier adjetivo.
No expliques el final. Si al terminar añades «¿lo pillas?», la has matado.
Usa a quien te escucha. Cambia el nombre del protagonista por el de alguien del grupo, y sitúala donde estéis. El miedo necesita dirección postal.
Habla más bajo, no más alto. Bajar la voz obliga a acercarse. Gritar rompe el hechizo.