En ese desierto se buscan señales de ovnis y radios que dejan de funcionar. Hay otro episodio con fecha: el 11 de julio de 1970 cayó un cohete estadounidense con material radiactivo. Recuperarlo dejó un rastro en los archivos estadounidenses.
La Zona del Silencio es una franja de desierto en la frontera entre los estados mexicanos de Durango y Chihuahua. Se llama así porque, según la tradición local, allí las radios dejan de funcionar. Alrededor de esa idea se ha construido medio siglo de literatura sobre ovnis, campos magnéticos y visitantes.
El accidente y la leyenda comparten territorio. Que uno esté documentado no demuestra que causara la otra ni que explique los supuestos fallos de radio.
Dónde está la Zona del Silencio
Es la primera pregunta que hace todo el mundo, y conviene responderla con precisión porque circulan ubicaciones contradictorias.
La Zona del Silencio es una franja del Bolsón de Mapimí, en el desierto chihuahuense, repartida entre los estados de Durango y Chihuahua, con Coahuila justo al este. No es un punto en el mapa: es un área difusa de varios cientos de kilómetros cuadrados, sin límites oficiales ni señalización, en torno al paralelo 26 y a unos 400 km al sur de la frontera con Estados Unidos.
El acceso habitual se hace desde Ceballos, en Durango, por pistas de terracería. No hay carretera asfaltada hasta el interior, no hay cobertura fiable y no hay servicios.
Las fuentes citadas aquí no acreditan una anomalía de radio propia de la zona. El accidente del Athena sí tiene fecha y documentos; son dos cuestiones distintas.
Qué ocurrió
El 11 de julio de 1970, a las dos y cuarenta de la madrugada, el ejército de Estados Unidos lanzó desde Green River, en Utah, un cohete de investigación llamado Athena. No era un misil de guerra: era parte del programa ABRES, que entre 1964 y 1977 estudiaba cómo se desgastan los escudos térmicos al reentrar en la atmósfera.
Para medir ese desgaste hay un método elegante. Se coloca en el escudo un material que emite radiación con una firma reconocible y después se mide cuánta firma queda; lo que falta es exactamente lo que se ha quemado. El material elegido fue cobalto 57: dos perdigones embutidos en tungsteno, dentro de dos contenedores pequeños alojados en el morro del cohete.
El plan era volar hacia el sur y caer dentro del campo de pruebas de White Sands, en Nuevo México. Toda la trayectoria sobre terreno militar y despoblado. Era una ruta hecha decenas de veces.
El motor de la cuarta etapa se encendió antes de tiempo, antes de las maniobras de guiado de mitad de trayecto. Ese empujón añadió unas cuatrocientas millas náuticas de alcance —unos setecientos cuarenta kilómetros— en línea recta hacia el sur sureste. En esa dirección no hay campo de pruebas. Hay otro país.
Qué está documentado
Henry Kissinger, entonces consejero de Seguridad Nacional, informó personalmente al presidente Richard Nixon. El memorando existe, está desclasificado y lo publicó el National Security Archive.
El memorando emplea la expresión reentrada anormal en la atmósfera. Bajo ese lenguaje técnico está el problema que tuvo que comunicar Kissinger: el cohete había terminado en México con material radiactivo a bordo.
| Fecha | Hecho |
|---|---|
| 11 de julio de 1970 | Lanzamiento y fallo en vuelo del Athena 122 |
| Julio de 1970 | Kissinger informa a Nixon. México autoriza la entrada |
| 16 de julio | Sale el equipo de búsqueda, al mando del teniente coronel Lowell Knight |
| 1 de agosto | Tres semanas después, siguen sin encontrar nada |
| 2 de agosto | Un avión con el sistema ARMS, calibrado solo para cobalto 57, localiza el morro |
| 23-24 de septiembre | Un tren de diecisiete vagones sale de Orogrande y llega al pueblo de Carrillo |
| Octubre de 1970 | Termina la operación Sand Patch |
No fue la primera vez. En septiembre de 1967, un misil Pershing lanzado desde Blanding, en Utah, también se pasó de largo y cayó en territorio mexicano. No llevaba explosivo ni material radiactivo, pero cuando en 1970 Estados Unidos volvió a pedir permiso, el gobierno mexicano sacó el Pershing a la mesa. Eso lo reconoce el propio archivo estadounidense.
El precedente de 1967 formó parte de la negociación de 1970. La frontera ya había sido cruzada antes; el permiso no se pidió en el vacío.
Encontrar la carga fue el problema menor. La radiación no grita: una fuente pequeña, embutida en tungsteno y medio enterrada en la arena, no ilumina nada. Semanas de hombres caminando en cuadrícula no dieron resultado. Lo resolvió en tres días un avión con un analizador de espectro afinado a un solo isótopo, capaz de ignorar toda la radiación natural del desierto y oír una única nota.
La limpieza se llamó Sand Patch, parche de arena. Hubo que construir una carretera de veinte millas campo a través para llegar al punto de impacto. La radiación medida era de unas seis décimas de milirem por hora y el objetivo era dejarla en media o menos. La contaminación no bajaba de unas pocas pulgadas de profundidad.
Sesenta bidones de tierra preparados para transporte, más tres bidones pequeños con la ropa de protección usada. Esa es la cifra que da el archivo del museo de White Sands, que trabaja sobre los registros de la operación. En español circula otra cifra mucho mayor, repetida de artículo en artículo hasta parecer verdad. Es el mismo desgaste que sufrió el atestado del Expediente Vallecas: lo que crece con los años no son las pruebas, son los detalles.
Los registros citados atribuyen a la fase de limpieza un coste de ciento cuatro mil dólares y unas dos semanas de trabajo. La búsqueda había empezado meses antes.
Qué no se sabe
Falta la mitad de la historia, y es la mitad mexicana. El archivo que sostiene todo esto es estadounidense: es la mirada del que llega, contando lo suyo.
No hay en él la versión de los cien habitantes de Carrillo, el pueblo al que una tarde le llegó un tren de diecisiete vagones con extranjeros uniformados y excavadoras encima. Esta selección de fuentes no incluye la cobertura mexicana de 1970. Ese hueco existe, y es mejor enseñarlo que rellenarlo.
Estas fuentes históricas tampoco permiten afirmar qué señalización existe hoy sobre el terreno.
¿La Zona del Silencio es real?
Sí, y conviene ser justo con el dato en las dos direcciones.
El accidente del Athena y la operación autorizada para recuperar sus restos están documentados. Las referencias a material radiactivo requieren su contexto histórico: no bastan, por sí solas, para describir el riesgo actual del lugar.
La imagen que queda es concreta: un tren enviado a un pueblo del desierto para recoger lo que un cohete había dejado allí. La operación tiene nombres, fechas y una contabilidad. En esas páginas sabemos mucho del equipo que llegó y bastante menos de quienes lo vieron llegar.
Esa diferencia entre lo que conserva un documento y lo que transmite una comunidad aparece también en las leyendas mexicanas. Aquí merece la pena mantener las dos lecturas separadas.
Fuentes
- Memorando de Henry Kissinger al presidente Richard Nixon sobre la reentrada anormal del AthenaPrimaria · National Security Archive / Richard Nixon Presidential Library · julio de 1970
- Registros de la operación Sand PatchPrimaria · Archivo del museo del campo de pruebas de White Sands · no digitalizada
- Zona del SilencioWikipedia en español · consulta 2026
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