LA MÁSCARA
DE LECTER
Archivo en emisión
Miniatura de «Vienen buscando OVNIS sin saber lo que hay BAJO EL SUELO»

Escúchalo narrado · 38 min

Expediente · Durango–Chihuahua · 1970

La Zona del Silencio


Naturaleza
CASO REAL DOCUMENTADO
Fuentes
2 primarias
Narrado
38 min
Publicado
19 de agosto de 2026

A ese desierto entre Durango y Chihuahua lo llaman la Zona del Silencio, y la gente va buscando ovnis. Lo que de verdad ocurrió allí no está en el cielo: está en el suelo. El 11 de julio de 1970 cayó un cohete del ejército de Estados Unidos con material radiactivo dentro, y lo que no pudieron llevarse lo enterraron en dos zanjas que siguen sin una valla ni un cartel.

La Zona del Silencio es una franja de desierto en la frontera entre los estados mexicanos de Durango y Chihuahua. Se llama así porque, según la tradición local, allí las radios dejan de funcionar. Alrededor de esa idea se ha construido medio siglo de literatura sobre ovnis, campos magnéticos y visitantes.

La gente de por allí lleva cincuenta años diciendo que ese desierto tiene algo raro. Y tenían razón. Se equivocaron en una sola cosa: en el origen.

Dónde está la Zona del Silencio

Es la primera pregunta que hace todo el mundo, y conviene responderla con precisión porque circulan ubicaciones contradictorias.

La Zona del Silencio es una franja del Bolsón de Mapimí, en el desierto chihuahuense, repartida entre los estados de Durango y Chihuahua, con Coahuila justo al este. No es un punto en el mapa: es un área difusa de varios cientos de kilómetros cuadrados, sin límites oficiales ni señalización, en torno al paralelo 26 y a unos 400 km al sur de la frontera con Estados Unidos.

El acceso habitual se hace desde Ceballos, en Durango, por pistas de terracería. No hay carretera asfaltada hasta el interior, no hay cobertura fiable y no hay servicios.

El nombre viene de la creencia local de que allí las radios dejan de funcionar. Sobre esa idea se construyó medio siglo de literatura sobre ovnis, anomalías magnéticas y visitantes. Lo que de verdad ocurrió allí, en cambio, tiene fecha, expediente y factura.

Qué ocurrió

El 11 de julio de 1970, a las dos y cuarenta de la madrugada, el ejército de Estados Unidos lanzó desde Green River, en Utah, un cohete de investigación llamado Athena. No era un misil de guerra: era parte del programa ABRES, que entre 1964 y 1977 estudiaba cómo se desgastan los escudos térmicos al reentrar en la atmósfera.

Para medir ese desgaste hay un método elegante. Se coloca en el escudo un material que emite radiación con una firma reconocible y después se mide cuánta firma queda; lo que falta es exactamente lo que se ha quemado. El material elegido fue cobalto 57: dos perdigones embutidos en tungsteno, dentro de dos contenedores pequeños alojados en el morro del cohete.

El plan era volar hacia el sur y caer dentro del campo de pruebas de White Sands, en Nuevo México. Toda la trayectoria sobre terreno militar y despoblado. Era una ruta hecha decenas de veces.

El motor de la cuarta etapa se encendió antes de tiempo, antes de las maniobras de guiado de mitad de trayecto. Ese empujón añadió unas cuatrocientas millas náuticas de alcance —unos setecientos cuarenta kilómetros— en línea recta hacia el sur sureste. En esa dirección no hay campo de pruebas. Hay otro país.

Qué está documentado

Henry Kissinger, entonces consejero de Seguridad Nacional, informó personalmente al presidente Richard Nixon. El memorando existe, está desclasificado y lo publicó el National Security Archive.

En él, el accidente no se llama accidente. Se llama reentrada anormal en la atmósfera. Esa es la expresión que llegó a la mesa del presidente para describir un cohete propio metido en territorio de un vecino con material radiactivo a bordo.

FechaHecho
11 de julio de 1970Lanzamiento y fallo en vuelo del Athena 122
Julio de 1970Kissinger informa a Nixon. México autoriza la entrada
16 de julioSale el equipo de búsqueda, al mando del teniente coronel Lowell Knight
1 de agostoTres semanas después, siguen sin encontrar nada
2 de agostoUn avión con el sistema ARMS, calibrado solo para cobalto 57, localiza el morro
23-24 de septiembreUn tren de diecisiete vagones sale de Orogrande y llega al pueblo de Carrillo
Octubre de 1970Termina la operación Sand Patch

No fue la primera vez. En septiembre de 1967, un misil Pershing lanzado desde Blanding, en Utah, también se pasó de largo y cayó en territorio mexicano. No llevaba explosivo ni material radiactivo, pero cuando en 1970 Estados Unidos volvió a pedir permiso, el gobierno mexicano sacó el Pershing a la mesa. Eso lo reconoce el propio archivo estadounidense.

Un accidente es un accidente. Dos en tres años, en la misma dirección y contra la misma frontera, ya no son mala suerte.

Encontrar la carga fue el problema menor. La radiación no grita: una fuente pequeña, embutida en tungsteno y medio enterrada en la arena, no ilumina nada. Semanas de hombres caminando en cuadrícula no dieron resultado. Lo resolvió en tres días un avión con un analizador de espectro afinado a un solo isótopo, capaz de ignorar toda la radiación natural del desierto y oír una única nota.

La limpieza se llamó Sand Patch, parche de arena. Hubo que construir una carretera de veinte millas campo a través para llegar al punto de impacto. La radiación medida era de unas seis décimas de milirem por hora y el objetivo era dejarla en media o menos. La contaminación no bajaba de unas pocas pulgadas de profundidad.

Sesenta bidones de tierra preparados para transporte, más tres bidones pequeños con la ropa de protección usada. Esa es la cifra que da el archivo del museo de White Sands, que trabaja sobre los registros de la operación. En español circula otra cifra mucho mayor, repetida de artículo en artículo hasta parecer verdad. Es el mismo desgaste que sufrió el atestado del Expediente Vallecas: lo que crece con los años no son las pruebas, son los detalles.

Coste total: ciento cuatro mil dólares. Dos semanas. Ningún herido.

Qué no se sabe

Falta la mitad de la historia, y es la mitad mexicana. El archivo que sostiene todo esto es estadounidense: es la mirada del que llega, contando lo suyo.

No hay en él la versión de los cien habitantes de Carrillo, el pueblo al que una tarde le llegó un tren de diecisiete vagones con extranjeros uniformados y excavadoras encima. No consta cómo lo contó la prensa mexicana de 1970, ni cuánto se publicó en Chihuahua o en Durango. Ese hueco existe, y es mejor enseñarlo que rellenarlo.

Tampoco hay constancia de ninguna señalización sobre el terreno que advierta de las dos zanjas.

¿La Zona del Silencio es real?

Sí, y conviene ser justo con el dato en las dos direcciones.

Es real que cayó un cohete estadounidense con material radiactivo en México, que hubo una operación militar extranjera autorizada dentro del país y que se enterró tierra contaminada en dos zanjas sin señalizar. Todo eso está en documentos oficiales desclasificados.

Y es igual de real que, sanitariamente, aquello no fue una amenaza. La cantidad era pequeña, la actividad era baja y el cobalto 57 pierde la mitad de su fuerza cada nueve meses: a los cinco años ya casi no quedaba nada, y hoy, medio siglo después, no queda absolutamente nada. Quien lo cuente como un desastre nuclear está vendiendo algo.

Lo inquietante de este caso no es que ocurriera. Es que hubo un manual. Que existía un procedimiento para meter un tren en otro país, cavar dos zanjas y volver a salir en dos semanas. Que la segunda vez fue más ordenada que la primera. Y que la palabra que llegó a la mesa del presidente fue anormal, y con esa palabra bastó.

Como ocurre con buena parte del folclore mexicano de terror, la leyenda dice que en la Zona del Silencio pasan cosas que no se pueden explicar. El archivo dice algo bastante peor: dice que ahí pasó una cosa que se explica entera, con fechas, con nombres y con facturas. Y que se explica tan bien que nadie tuvo nunca que dar explicaciones.

Fuentes

  1. Memorando de Henry Kissinger al presidente Richard Nixon sobre la reentrada anormal del AthenaPrimaria · National Security Archive · julio de 1970
  2. Registros de la operación Sand PatchPrimaria · Archivo del museo del campo de pruebas de White Sands

El relato completo, narrado.

▶ Escuchar los 38 min