LA MÁSCARA
DE LECTER
Archivo en emisión
Miniatura de «Expediente Vallecas: el testimonio que cambia el caso»

Abrir esta historia en YouTube ↗

Versión narrada · 30 min

Expediente · Madrid · 1992

El Expediente Vallecas


Naturaleza
CASO REAL DOCUMENTADO
Fuentes
3 primarias
Narrado
30 min
Actualizado
2 de septiembre de 2026

En noviembre de 1992, cuatro policías acudieron a una vivienda de Vallecas y describieron sucesos extraños. Uno de los hijos sostuvo después que había provocado el ruido de la terraza con una piedra: lo contó en prensa en 2018 y ante las cámaras en 2025. Otros familiares mantienen otra versión.

Aquí no vas a leer la versión que lleva treinta años circulando. Vamos a separar tres cosas que llevan tres décadas mezcladas: lo que está documentado, lo que es leyenda y lo que es especulación.

Conviene decirlo desde el principio: estamos hablando de la muerte real de una chica de diecisiete años y de una familia que sigue viva. Al final de este artículo, esa familia sigue sin ponerse de acuerdo sobre lo que pasó dentro de su propia casa.

Quién era Estefanía

Se llamaba Estefanía Gutiérrez Lázaro. Tenía diecisiete años y vivía en el número ocho de la calle Luis Marín, en el barrio de Palomeras Sureste, dentro del distrito madrileño de Puente de Vallecas.

Vallecas no es un pueblo perdido ni una mansión abandonada: es un distrito obrero del sureste de Madrid, de bloques de pisos pequeños, construido para familias trabajadoras. Nada exótico. Nada gótico. Estefanía era la mayor de seis hermanos, en una familia católica practicante.

La versión más repetida del origen dice que hizo una sesión de ouija en su instituto, que una profesora la descubrió y rompió el tablero, y que de ahí salió un humo que se le metió por la nariz.

Las referencias citadas aquí no aportan un documento contemporáneo que confirme esa escena. Aparece en el relato que su madre dio a la prensa después de la muerte de su hija. Y las fuentes que la repiten no coinciden entre ellas: unas dicen que el humo era blanco y otras que negro; unas que se rompió el vaso y otras que el tablero. Cuando cuatro fuentes cuentan cuatro versiones de la misma escena, eso no es un dato: es un relato en construcción.

En 2018, su hermano Ricardo declaró a El Mundo que Estefanía no era asidua a las ouijas, que era completamente normal, y que aquella sesión había ocurrido aproximadamente un año antes de su muerte.

Qué ocurrió

El 13 de julio de 1991, según la reconstrucción que recogen las fuentes, hubo un episodio violento en casa entre Estefanía y una de sus hermanas. Al día siguiente sufrió un episodio grave, entró en coma y fue trasladada al Hospital Gregorio Marañón de Madrid, donde murió de madrugada.

Las reconstrucciones citadas describen la muerte como súbita y de causa no aclarada. Ricardo añadió en 2018 que el informe mencionaba asfixia pulmonar. Aquí no se reproduce la autopsia original: ese último dato procede de su testimonio.

Sus dos hermanos sostienen otra hipótesis. Declaran que Estefanía tenía episodios compatibles con crisis epilépticas de ausencia, que hay antecedentes familiares —su madre está tratada por epilepsia convulsiva— y que estaba siendo atendida médicamente cuando murió, antes de que hubiera un diagnóstico cerrado.

Eso es una hipótesis, no una conclusión forense. Las fuentes aquí reunidas no permiten establecer un diagnóstico retrospectivo.

La reconstrucción de los hermanos sitúa la ouija aproximadamente un año antes de la muerte. El atestado policial llegó en noviembre de 1992, dieciséis meses después del fallecimiento. Conviene conservar esa distancia entre los episodios.

El atestado

Dieciséis meses después de enterrar a su hija, esa familia llamó a la policía a las dos de la madrugada. Llegaron cuatro agentes al mando del inspector jefe José Pedro Negri y encontraron a la familia en la calle, bajo el frío.

Lo que escribieron al bajar es la razón por la que este caso no ha muerto nunca. El parte habla de una «situación de misterio y rareza», y recoge cuatro hechos:

Cuatro policías, un documento oficial, ningún sospechoso y ninguna explicación.

Hay dos cosas que casi nunca se cuentan. La primera: ese informe no lo publicó la policía. Salió a la luz porque el criminólogo Manuel Carballal lo consiguió tras varias visitas a comisaría, y de ahí llegó a la televisión. El documento que dio credibilidad oficial al caso se hizo famoso por el circuito de los medios de misterio, no por una investigación policial abierta.

La segunda es más incómoda. El propio inspector Negri ha contado esa noche de formas distintas según la década. El 4 de octubre de 1993, en el programa Código Uno de TVE, dijo que se abrió la puerta del armario, que hizo una inspección ocular y no vio nada extraño, que él es escéptico, que aquello pudo deberse a veinte mil explicaciones y que no fue una cosa tan grave. Años más tarde, en un programa de misterio de máxima audiencia, la misma escena ya se contaba como una puerta que giró y dio una docena de violentos portazos.

El documento no cambió. El relato sí. Es exactamente lo que pasó con Hinterkaifeck a lo largo de un siglo: a un expediente escueto se le fueron añadiendo escenas que nadie presenció.

Lo que había alrededor del documento

En 1992 pasó en España algo que no tiene nada de paranormal y que explica este caso mejor que cualquier ouija.

En 1990 comenzaron las emisiones de las primeras cadenas privadas de ámbito nacional. Se sumaron a TVE y a las televisiones autonómicas, ampliando la competencia por la audiencia. Lo que funcionaba era lo extraordinario: ovnis, videntes, casas encantadas, testimonios imposibles. Programas de gran audiencia empezaron a sentar en plató a gente corriente.

Justo entonces, en un barrio obrero de Madrid, una familia con seis hijos empieza a contar que en su casa pasan cosas. Y existe un papel firmado por la policía.

Los padres acudieron a programas de televisión. También sus hijos, que entonces eran menores de edad. Los hermanos citan por su nombre a un supuesto parapsicólogo que se hacía llamar Tristán Braker, el primero que apareció en la casa, y dicen que aquello les metió aún más miedo en el cuerpo. Maximiliano lo resumió así en 2018: llegaron a perder su intimidad con tal de sentirse protegidos, se acompañaban unos a otros hasta el baño, y «psicológicamente nos machacaron».

Nombran también a un profesional que actuó al revés: el psiquiatra Fernando Jiménez del Oso, que les recomendó dejar de hablar del asunto. Y cuentan que fue a partir de ahí, al hacerle caso, cuando los fenómenos cesaron.

Mientras tanto sufrieron acoso escolar y la marca de ser «los del poltergeist de Vallecas» colgada del apellido durante décadas. Maximiliano tenía casi diez años cuando la policía entró en su casa, y ha dicho que con la protección que hoy tienen los menores ante los medios, en aquella época los Servicios Sociales podrían haber intervenido.

El testimonio de 2018 que volvió a escucharse en 2025

El 7 de noviembre de 2025, HBO Max estrenó una serie documental de tres episodios dirigida por Noemí Redondo. Se titulan Miedo, Vértigo y Trauma, y no es casualidad que estén en ese orden.

Ricardo declara ante la cámara lo mismo que ya había dicho en prensa en 2018: que el fuerte ruido de la terraza que los agentes escribieron en el informe lo provocó él. Cuenta que su madre le pidió a escondidas que tirase algo a la terraza para impresionar más a los policías, que tomó una piedra pequeña del salón, que fue al balcón contiguo y la lanzó, y que golpeó una despensa de hierro que tenían fuera.

Según su propio testimonio, uno de aquellos ruidos tuvo una causa tan concreta como una piedra lanzada por él desde el balcón contiguo.

Los hermanos proponen explicación para los otros tres. La puerta del armario: allí guardaban álbumes de fotos que se caían con frecuencia y hacían saltar la puerta, y minutos antes los habían sacado para enseñar recortes a los agentes. La mancha marrón: creen que era el potito que su hermano pequeño había cenado horas antes. El crucifijo: era un día de frío y lluvia, una puerta se cerró de un portazo y creen que el clavo cedió; añaden que ni ellos ni los policías lo vieron caer.

Ninguna de esas tres explicaciones está probada. Son hipótesis dadas treinta años después por testigos que entonces eran niños. Permiten contrastar el relato del atestado con la memoria posterior de quienes vivían allí, sin convertir ninguna de las dos en una reconstrucción completa.

El caso real y la serie de HBO Max

Hay dos obras audiovisuales que conviene distinguir: una película de ficción y una serie documental.

Verónica (2017), dirigida por Paco Plaza, se inspira libremente en lo ocurrido: cambia el nombre de la protagonista, cambia los hechos y cambia el final. Su difusión acercó a nuevos espectadores al caso, pero no debe leerse como su reconstrucción documental. Según declaró el hermano mayor, parte de la familia llegó a plantearse acciones legales contra la productora.

Expediente Vallecas (2025), la serie documental de tres episodios estrenada en HBO Max el 7 de noviembre, es otra cosa: no dramatiza, entrevista. Recupera ante las cámaras el testimonio que Ricardo ya había ofrecido en prensa.

Si alguien busca el caso real, la ficción de 2017 no sirve. El documental de 2025 sí, con la cautela de que su tesis la sostienen dos de los hermanos y que otra hermana la contradice dentro de la propia serie.

Qué no se sabe

Los hermanos sostienen que su madre los sumergió en un estado de sugestión, que les pedía aumentar o inventar sucesos y que a veces estaban aleccionados sobre qué decir. Describen un clima familiar duro del que declararon no poder dar más detalles por motivos legales. Su padre, dicen los dos, era escéptico y nunca les hizo daño.

La serie no se queda con esa versión. Entrevista también a la madre, Concepción Lázaro, que aparece molesta con el trato que recibe de sus hijos. Y da espacio a una de las hermanas, que sostiene que lo que ella vivió fue real y contradice abiertamente a Ricardo y a Maximiliano.

Los testimonios familiares no coinciden. Esa discrepancia exige atribuir cada versión; no permite deducir los motivos de quien la cuenta.

Hay un episodio muy repetido que no está en el atestado: que el 1 de noviembre de 1993 una fotografía de Estefanía colgada en el salón se incendió, ardiendo solo la parte del rostro. Ese episodio pertenece al relato familiar difundido en su momento. No lo firmó nadie. Es exactamente el tipo de detalle que treinta años de repetición han convertido en dato.

¿El Expediente Vallecas es real?

Depende de qué se pregunte, y por eso el caso lleva treinta años sin cerrarse.

Es real que existió Estefanía Gutiérrez Lázaro, que murió en julio de 1991 con diecisiete años y que la autopsia no determinó la causa. Es real que cuatro policías firmaron un atestado describiendo cuatro hechos que no supieron explicar.

No está documentada la sesión de ouija tal como se cuenta, ni la fotografía que arde, ni ninguna causa sobrenatural. Ricardo ha atribuido a su propia acción uno de los ruidos del informe; los hermanos también han propuesto explicaciones para otros detalles. Son testimonios posteriores y no una conclusión judicial.

Una frase de uno de los hermanos en el documental resume el caso mejor que cualquier conclusión: «¿Realmente fue real? Porque ver, vi».


Si te interesa lo que ocurre cuando un documento oficial describe lo inexplicable, hay más casos paranormales documentados en el archivo, y una respuesta larga a si los fantasmas existen.

Fuentes

  1. Atestado de la Policía Nacional firmado la madrugada del 27 de noviembre de 1992Primaria · Policía Nacional · noviembre de 1992 · no digitalizada
  2. Entrevista a Ricardo y Maximiliano Gutiérrez LázaroPrimaria · El Mundo · 2018 · no digitalizada
  3. Declaraciones del inspector jefe José Pedro Negri en el programa Código UnoPrimaria · TVE · 4 de octubre de 1993 · no digitalizada
  4. Serie documental «Expediente Vallecas», dirigida por Noemí RedondoHBO Max · 7 de noviembre de 2025
  5. El Expediente VallecasWikipedia en español · consulta 2026

Puedes seguir esta historia con la voz del canal.

▶ Escuchar la versión narrada · 30 min