La leyenda del hombre del saco ya existía cuando el crimen de Gádor le dio una asociación real. En 1910, en la comarca almeriense de Gádor, un curandero convenció a un enfermo de tuberculosis de que la única cura era beber la sangre de un niño y untarse con su grasa. El caso llegó a los tribunales y ocupó la prensa nacional durante meses.
En la España rural de principios del siglo XX, el curanderismo no era una superstición marginal: era, en muchos pueblos, la única medicina al alcance de quien no podía pagar otra. La tuberculosis causaba numerosas muertes y aún no se disponía de los tratamientos antibióticos que llegarían décadas después.
Ese es el terreno donde ocurre lo que ocurrió. No hace falta ningún elemento sobrenatural para explicarlo: bastan un enfermo desesperado, alguien dispuesto a cobrarle por una cura imposible, y una comarca pobre.
Quiénes eran
El enfermo se llamaba Francisco Ortega, apodado el Moruno. Padecía tuberculosis y tenía dinero suficiente para pagar.
Quien le ofreció la cura fue Francisco Leona Romero, barbero y curandero. En aquella época el oficio de barbero y el de sanador se solapaban con frecuencia en el mundo rural: el mismo hombre que afeitaba sacaba muelas y aplicaba remedios.
Con ellos aparecen otros nombres en el sumario: Agustina Rodríguez, curandera; su hijo Julio Hernández, conocido como el Tonto; el hermano de este, José Hernández; y Elena, esposa de José.
El remedio que Leona ofreció no era simbólico ni ritual. Era literal: sangre de un niño, bebida caliente, y la grasa del cuerpo aplicada sobre el pecho del enfermo. El precio acordado fueron tres mil reales.
Qué ocurrió
La víctima fue Bernardo González Parra, de siete años, natural de Rioja, en la propia provincia de Almería.
El 28 de junio de 1910, por la tarde, fue secuestrado y trasladado dentro de un saco hasta un cortijo de la zona de Araoz. Allí murió.
Lo mataron para usar su sangre y su grasa como remedio contra la tuberculosis de un hombre adulto que había pagado por ello.
La reconstrucción del caso describe un crimen preparado para obtener una supuesta cura. Hubo un pago acordado y varias personas implicadas. Esa organización pesa más que cualquier adjetivo que se le añada.
El resto de la reconstrucción consta en el proceso con todo detalle. No hace falta aquí, y no porque sea desagradable, sino porque no añade nada: lo insoportable de este caso no es cómo murió el niño. Es que varias personas se organizaron para conseguirlo, cada una con su papel, y ninguna se echó atrás.
Las crónicas relacionan la delación de Julio Hernández con una disputa por el reparto del dinero. Su declaración fue una de las piezas que permitieron reconstruir lo ocurrido.
Qué está documentado
Existe sumario judicial y existe cobertura periodística contemporánea. Esa combinación permite reconstruir el caso con una precisión que muy pocos sucesos de 1910 permiten, y —más importante— permite separar lo que consta en el proceso de lo que añadió la prensa buscando lectores.
Las condenas:
| Implicado | Papel | Resolución |
|---|---|---|
| Francisco Leona Romero | Curandero, ejecutor material | Garrote vil. Murió en prisión antes de ejecutarse la pena |
| Francisco Ortega, el Moruno | Enfermo que pagó la «cura» | Ejecutado |
| Agustina Rodríguez | Curandera | Ejecutada |
| José Hernández | Participación | 17 años de prisión |
| Julio Hernández, el Tonto | Participación; delató el caso | Condenado a muerte, indultado por demencia declarada |
| Elena | Esposa de José | Absuelta |
Del expediente al hombre del saco
Aquí conviene ir con cuidado, porque la dirección de la leyenda suele contarse al revés.
El hombre del saco no nace en Gádor. La figura del desconocido que se lleva a los niños dentro de un saco es anterior y existe en el folclore de media Europa con distintos nombres. En España se le llamó también sacamantecas, precisamente por la creencia de que buscaba la grasa —las mantecas— de sus víctimas para vender o para curar. Es la misma lógica que sostiene a otras figuras del folclore de terror español: un peligro concreto al que se le pone nombre para poder avisar de él.
Lo que hizo Gádor no fue inventar el miedo. Fue darle un expediente.
A partir de 1910, un miedo que hasta entonces se contaba a los niños para que no se alejaran pasó a tener nombres propios, fechas, un cortijo concreto y una sentencia. La prensa nacional siguió el caso durante meses y lo convirtió en un fenómeno editorial. En 1928 se publicó una obra sobre el suceso titulada El vampiro de Gádor, y esa palabra —vampiro— dice bastante sobre cómo se estaba contando ya entonces.
Qué no se sabe
Las cifras y varios detalles varían entre las crónicas de unos periódicos y otras, algo habitual en el periodismo de 1910.
Hay dos discrepancias que conviene dejar anotadas en lugar de resolverlas por conveniencia:
- La edad de Francisco Leona. Unas fuentes la sitúan en 55 años y otras en 75. No es un detalle menor si se quiere describir al personaje, y aquí no se elige una por sonar mejor.
- El apellido de la víctima. Al menos un periódico de 1910 lo publicó como «González Cazorla» en lugar de «González Parra». Esa discrepancia no es un error a repetir: es un dato sobre cómo se informaba entonces.
Las discrepancias entre crónicas deben conservarse y, cuando sea posible, contrastarse con el expediente judicial. El método explica cómo señalamos esas diferencias.
¿El crimen de Gádor es real?
Completamente, y es de los casos mejor documentados que hay aquí: proceso judicial, condenas ejecutadas y hemeroteca contrastable.
Lo que no es cierto es el atajo que suele hacerse al contarlo: que el hombre del saco existió y se llamaba Francisco Leona. La leyenda ya existía. Lo que ocurrió en Gádor es que, durante unos meses de 1910, un miedo antiguo y difuso coincidió punto por punto con un crimen real, con nombres y con dirección.
Esa coincidencia es lo que lo fijó para siempre. Y explica por qué, más de un siglo después, en España se sigue avisando a los niños de un hombre con un saco sin que casi nadie sepa que hubo un sumario detrás.
Fuentes
- Sumario del proceso por el crimen de Gádor, Audiencia Provincial de AlmeríaPrimaria · Archivo judicial · 1910-1911 · no digitalizada
- Cobertura del caso en la prensa nacional de 1910Primaria · Hemeroteca · 1910 · no digitalizada
- Crimen de Gádor — dossier factualWikipedia en español · consulta 2026
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