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Miniatura de «El hombre del saco EXISTIÓ y este es su expediente»

Escúchalo narrado · 34 min

Expediente · Almería · 1910

El crimen de Gádor


Naturaleza
CASO REAL DOCUMENTADO
Fuentes
2 primarias
Narrado
34 min
Publicado
16 de agosto de 2026

El hombre del saco no es una invención para asustar a los niños. En 1910, en la comarca almeriense de Gádor, un curandero convenció a un enfermo de tuberculosis de que la única cura era beber la sangre de un niño y untarse con su grasa. El caso llegó a los tribunales y ocupó la prensa nacional durante meses.

En la España rural de principios del siglo XX, el curanderismo no era una superstición marginal: era, en muchos pueblos, la única medicina al alcance de quien no podía pagar otra. La tuberculosis no tenía cura y quien la padecía se moría, a veces despacio y a la vista de todos.

Ese es el terreno donde ocurre lo que ocurrió. No hace falta ningún elemento sobrenatural para explicarlo: bastan un enfermo desesperado, alguien dispuesto a cobrarle por una cura imposible, y una comarca pobre.

Quiénes eran

El enfermo se llamaba Francisco Ortega, apodado el Moruno. Padecía tuberculosis y tenía dinero suficiente para pagar.

Quien le ofreció la cura fue Francisco Leona Romero, barbero y curandero. En aquella época el oficio de barbero y el de sanador se solapaban con frecuencia en el mundo rural: el mismo hombre que afeitaba sacaba muelas y aplicaba remedios.

Con ellos aparecen otros nombres en el sumario: Agustina Rodríguez, curandera; su hijo Julio Hernández, conocido como el Tonto; el hermano de este, José Hernández; y Elena, esposa de José.

El remedio que Leona ofreció no era simbólico ni ritual. Era literal: sangre de un niño, bebida caliente, y la grasa del cuerpo aplicada sobre el pecho del enfermo. El precio acordado fueron tres mil reales.

Qué ocurrió

La víctima fue Bernardo González Parra, de siete años, natural de Rioja, en la propia provincia de Almería.

El 28 de junio de 1910, por la tarde, fue secuestrado y trasladado dentro de un saco hasta un cortijo de la zona de Araoz. Allí murió.

Este archivo no va a detallar cómo. La reconstrucción consta en el sumario y no aporta nada al lector que la sentencia no diga mejor. Lo relevante es que el crimen se cometió siguiendo instrucciones y con un fin concreto, y que hubo varias personas implicadas en distintos papeles.

Lo que destapó el caso no fue una investigación brillante. Fue una discusión por dinero: Julio Hernández habló, y a partir de ahí se tiró del hilo.

Qué está documentado

Existe sumario judicial y existe cobertura periodística contemporánea. Esa combinación permite reconstruir el caso con una precisión que muy pocos sucesos de 1910 permiten, y —más importante— permite separar lo que consta en el proceso de lo que añadió la prensa buscando lectores.

Las condenas:

ImplicadoPapelResolución
Francisco Leona RomeroCurandero, ejecutor materialGarrote vil. Murió en prisión antes de ejecutarse la pena
Francisco Ortega, el MorunoEnfermo que pagó la «cura»Ejecutado
Agustina RodríguezCuranderaEjecutada
José HernándezParticipación17 años de prisión
Julio Hernández, el TontoParticipación; delató el casoCondenado a muerte, indultado por demencia declarada
ElenaEsposa de JoséAbsuelta

Que un tribunal español de 1911 dictara tres penas de muerte y las ejecutara en dos de los casos da la medida del impacto que tuvo el suceso.

Del expediente al hombre del saco

Aquí conviene ir con cuidado, porque la dirección de la leyenda suele contarse al revés.

El hombre del saco no nace en Gádor. La figura del desconocido que se lleva a los niños dentro de un saco es anterior y existe en el folclore de media Europa con distintos nombres. En España se le llamó también sacamantecas, precisamente por la creencia de que buscaba la grasa —las mantecas— de sus víctimas para vender o para curar. Es la misma lógica que sostiene a otras figuras del folclore de terror español: un peligro concreto al que se le pone nombre para poder avisar de él.

Lo que hizo Gádor no fue inventar el miedo. Fue darle un expediente.

A partir de 1910, un miedo que hasta entonces se contaba a los niños para que no se alejaran pasó a tener nombres propios, fechas, un cortijo concreto y una sentencia. La prensa nacional siguió el caso durante meses y lo convirtió en un fenómeno editorial. En 1928 se publicó una obra sobre el suceso titulada El vampiro de Gádor, y esa palabra —vampiro— dice bastante sobre cómo se estaba contando ya entonces.

Qué no se sabe

Las cifras y varios detalles varían entre las crónicas de unos periódicos y otras, algo habitual en el periodismo de 1910.

Hay dos discrepancias que conviene dejar anotadas en lugar de resolverlas por conveniencia:

Cuando la prensa y el sumario no coinciden, en este archivo prevalece el sumario.

¿El crimen de Gádor es real?

Completamente, y es de los casos mejor documentados que hay aquí: proceso judicial, condenas ejecutadas y hemeroteca contrastable.

Lo que no es cierto es el atajo que suele hacerse al contarlo: que el hombre del saco existió y se llamaba Francisco Leona. La leyenda ya existía. Lo que ocurrió en Gádor es que, durante unos meses de 1910, un miedo antiguo y difuso coincidió punto por punto con un crimen real, con nombres y con dirección.

Esa coincidencia es lo que lo fijó para siempre. Y explica por qué, más de un siglo después, en España se sigue avisando a los niños de un hombre con un saco sin que casi nadie sepa que hubo un sumario detrás.

Fuentes

  1. Sumario del proceso por el crimen de Gádor, Audiencia Provincial de AlmeríaPrimaria · Archivo judicial · 1910-1911
  2. Cobertura del caso en la prensa nacional de 1910Primaria · Hemeroteca · 1910
  3. Crimen de Gádor — dossier factualWikipedia en español · consulta 2026

El relato completo, narrado.

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