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Miniatura de «3 Horas de historias de terror para no dormir»

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Versión narrada · 3 h 6 min

Relatos · Recopilatorio · Ficción

Tres horas de terror: las 28 historias del candil


Naturaleza
FICCIÓN
Narrado
3 h 6 min
Publicado
5 de octubre de 2026

Una mujer oye cómo alguien, en el piso vacío de arriba, aparta una silla un segundo antes que ella. Es la primera de veintiocho historias que se escuchan frente a la llama de un candil, durante tres horas, sin cambiar de voz.

Recopilatorio de ficción. Veintiséis relatos originales y dos adaptaciones libres de leyendas tradicionales. Ninguno se presenta como testimonio ni como suceso documentado.

El vídeo empieza con una petición: mirar la llama de un candil y anotar lo primero que se ve en ella. Al final, después de tres horas, se vuelve a pedir lo mismo. Entre medias hay veintiocho historias de unos seis minutos cada una: casas que dejan de ser refugio, caminos que se repiten, voces familiares que llegan desde donde no deberían.

Dos de ellas parten de leyendas latinoamericanas que tienen ficha propia en el archivo: el Cadejo y la Luz Mala. Son adaptaciones libres, no la versión tradicional.

Primera historia: El piso de arriba

Estaba tumbada cuando oí que alguien, encima de mi dormitorio, apartaba una silla para levantarse. Yo todavía no había movido la mía. La tenía junto a la cama para apoyar el pie después de una operación. Pensé que el vecino había vuelto. Luego recordé que el piso de arriba llevaba vacío desde que llegué al edificio.

Me incorporé despacio. Sobre el techo hubo dos pisadas y el roce de algo arrastrándose. Hice exactamente esos movimientos al bajar el pie, apoyar el bastón y acercar la silla. No me preocupó la coincidencia hasta que una cuchara golpeó una taza arriba, unos segundos antes de que yo alcanzara la mía.

La cuchara sonó otra vez. A la tercera, mi mano derecha se levantó sin que yo lo decidiera. No fue un movimiento brusco. Fue peor: obedeció con la suavidad de un gesto habitual. Me sujeté la muñeca con la otra mano y el ruido del techo se detuvo.

Aparté la silla de una patada con el pie sano. Arriba no sonó nada. Me quedé mirando su posición nueva, ridícula, en medio del dormitorio, hasta que oí una silla deslizándose a ese mismo lugar. Esta vez el ruido había llegado después. No me anunciaban lo que iba a hacer. Algo estaba intentando colocarse encima de mí.

Encendí la lámpara. Mi sombra, en la pared, se enderezó antes que yo. Cuando bajé la luz hacia el suelo, la sombra bajó también, con el pie pegado al mío. No era una segunda figura. Era mi propia sombra, ajustándose a la postura que los ruidos de arriba le pedían.

Llamé a mi amiga Irene, que tenía copia de mis llaves, y le pedí que viniera. Arriba sonaron cinco pasos hacia la puerta; al quinto, mi rodilla empezó a estirarse sola. El dolor del vendaje me permitió frenarla. Cambié de ruta y crucé por el otro lado de la cama, apoyándome en la cómoda. Arriba hubo un golpe, como un mueble volcado, y la sombra se quedó de pie en la pared, mirando hacia la puerta, sin tocarme los pies.

Lo entendí en la cocina, con la linterna que guardo para los apagones. Cada vez que cambiaba la luz de sitio, lo de arriba tenía que buscarme otra vez. Dejé la linterna girando sobre la mesa y avancé agarrándome a los muebles mientras el haz barría el techo. Las pisadas se volvieron atropelladas. Cuando Irene abrió la puerta, la luz de su teléfono cruzó la mía y me hizo dos sombras. Arriba sonó un golpe seco y pude soltar el pestillo, que había empezado a girar bajo mi mano.

Salí arrastrándome. Desde el rellano miramos la cocina: no había nadie, pero en la pared junto a la puerta una de mis sombras seguía de pie.

Al día siguiente, la conserje cortó la electricidad y subió con nosotras al piso de arriba. El suelo estaba marcado por recorridos en el polvo que terminaban todos encima de mi dormitorio. No había silla, ni taza, ni muebles. Me fui a vivir con Irene. La lámpara se quedó allí, desenchufada, en una caja. Según la conserje, la bombilla se aflojó sola durante la noche. Nadie quiso volver a enroscarla.

Índice de las 28 historias

Con el minuto en que empieza cada una en la versión narrada:

La versión narrada usa una sola voz grave, cuerdas, piano suave, lluvia y algún trueno. Es una selección pensada para mantener la atención, no para dormirse: si buscas eso, la de noches de lluvia tiene pausas largas y la pantalla en negro.


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