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Cuento · Horacio Quiroga, 1909

La gallina degollada


Naturaleza
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1 primaria
Actualizado
5 de septiembre de 2026

Cuatro hermanos miran cómo preparan una gallina en la cocina. Quiroga hace que esa escena cotidiana cambie de significado antes del final. Aquí tienes una entrada al cuento, el enlace para leerlo y, después, un comentario con spoilers.

Hay una prueba sencilla para saber si una historia de terror es buena: cuéntasela a alguien un año después y mira si te acuerdas del final.

En este cuento el desenlace devuelve al lector a una escena anterior. Y no hay un solo elemento sobrenatural en ella.

Qué es

Un cuento de nueve páginas de Horacio Quiroga, publicado el 10 de julio de 1909 en la revista bonaerense Caras y Caretas y recogido después en «Cuentos de amor de locura y de muerte» (1917), que sigue siendo el libro por el que se entra a su obra.

Quiroga tenía treinta años cuando lo escribió.

De qué va, sin destripar nada

Un matrimonio, Mazzini y Berta, tiene cuatro hijos varones. Los cuatro nacieron sanos y los cuatro, uno tras otro, sufrieron durante su primera infancia un deterioro que los dejó con una discapacidad profunda. No hablan, no reconocen, no responden. Pasan los días sentados en un banco del patio, mirando la pared.

Después nace la quinta, Bertita, y esta sí crece bien.

El cuento va de lo que esos padres hacen con el reproche. Se culpan el uno al otro, con una crueldad conyugal que Quiroga escribe sin subir la voz ni una vez, y a los cuatro hijos del banco los dejan de mirar.

Y una mañana, la sirvienta degüella una gallina para la comida en la cocina. Los cuatro se acercan. Miran.

Eso es todo lo que se puede contar.

Dónde leer el texto completo

El texto está disponible para lectura en la página enlazada. Este artículo es una guía y no reproduce el cuento.

→ Texto íntegro en literatura.us

Son quince minutos de lectura. Si vas a hacerlo, hazlo antes de seguir bajando.

Por qué funciona, si ya lo has leído

A partir de aquí se comenta el final. Si no lo has leído, vuelve arriba.

Quiroga hace tres cosas que casi nadie se atreve a hacer, y las tres tienen que ver con retirar en vez de añadir.

No hay monstruo, y el que actúa no entiende lo que hace. Los cuatro hijos no son malvados. No hay intención, no hay venganza, no hay conciencia. Reproducen lo que vieron hacer en la cocina, exactamente igual que lo vieron. Eso deja al lector sin ningún sitio donde colocar la culpa, y la culpa tiene que ir a alguna parte.

La repetición une dos escenas. Los hermanos observan la muerte de la gallina y después reproducen la acción con Bertita. El lector reconoce el vínculo antes de que los padres descubran lo sucedido.

El final pasa por los padres. Mazzini encuentra sangre en la cocina e intenta impedir que Berta entre. Ella alcanza a ver el suelo y se desploma. El cierre no es una nota doméstica indiferente: la reacción de ambos hace visible la catástrofe sin necesitar una explicación posterior.

Y hay una cuarta cosa, que es la que lo hace insoportable de verdad: el título ya te lo había dicho. Lo sabías desde la primera línea y no te diste cuenta.

Una nota incómoda de 1909

Hay que decirlo, porque leerlo hoy sin decirlo sería raro.

El cuento trata a los cuatro hermanos con el vocabulario clínico y la mirada de la Argentina de 1909, y varias descripciones resultan hoy indefendibles. Quiroga no está haciendo una denuncia sobre la discapacidad: está usándola como material.

Eso no le quita fuerza al cuento. Explica por dónde ha envejecido, que no es lo mismo.

Si esto te ha gustado

Del mismo libro, «A la deriva» hace lo contrario y funciona igual de bien: un hombre pisa una serpiente y el cuento es, literalmente, el tiempo que tarda el veneno. No hay antagonista. Solo un reloj.

→ Quiroga entero · Los mejores libros de terror

Y si prefieres algo del archivo que use el mismo mecanismo —el horror contado desde lejos y con la voz baja—, «¿Quién apagó la luz?» se lee en tres minutos.

Fuentes

  1. «La gallina degollada», texto íntegroPrimaria · Horacio Quiroga, Caras y Caretas, 10 de julio de 1909

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